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Donald Trump: De marejada a fuerte marejada (de momento)

EEUU Bandera

Algunas reflexiones sobre Donald Trump (I)

Para tratar de entender el porqué del acceso de Trump al poder, voy a empezar esta nota con dos reflexiones que explican su triunfo. También explican el Brexit, y así mismo, la aparición de movimientos de este tipo en toda Europa.

1. Ha habido en los últimos años (desde el comienzo de la crisis), unas transferencias de renta y riqueza brutales (por su cuantía y por la velocidad a la que se han producido), desde los países desarrollados, en especial desde Europa, Japón y en menor medida desde EEUU, hacia determinados países emergentes.

El promedio de crecimiento del PIB per cápita en el mundo desde 2007, año de inicio de la crisis, hasta 2015 sobre la base de datos de las cuentas nacionales del Banco Mundial y de la OCDE, ha sido del 16,6%.

En Europa y Japón la variación del PIB per cápita ha sido profundamente negativa, en muchos casos superior al -15%. EEUU ha mantenido el mismo nivel de crecimiento que el promedio mundial.

Los grandes países emergentes, China en particular, han tenido un crecimiento exponencial de casi el +200%.

Fuente: Banco Mundial y OCDE

Si se analiza la evolución de la renta per cápita por grandes áreas, se ve claramente que de esas transferencias de renta desde la Unión Europea y Japón, básicamente, hacia el resto del mundo han quedado excluidos los llamados Países Pobres Muy Endeudados (Bolivia y la mayoría de los países de África Subsahariana ). Pero además, en el caso de EEUU, su crecimiento del 16,7% se ha producido con un aumento del endeudamiento externo del 100% al pasar prácticamente de 10 a 20 billones de dólares la deuda pública, lo que significa que el crecimiento de renta de EEUU está hipotecado, prestado por los países que tienen su deuda y que ese crecimiento es claramente insostenible.

Y que, con mucha diferencia, la gran beneficiada ha sido China.

Resultado: Donald Trump.

Hay que reconocer que Trump ha conectado con esos sentimientos profundos que impulsan el voto: miedo (“lo que estoy perdiendo y lo que aún puedo perder”) y promesas (“lo que dejaré de perder y lo que puedo ganar”), apostando abiertamente por lo segundo y dejando lo primero a los demócratas. Ha hecho justo lo contrario que hizo Rajoy en la última campaña electoral. Ambos sentimientos han sido, sin duda, manejados con maestría por Trump (y por Rajoy en su momento). Voto de las promesas y voto del miedo.

En los países occidentales, en Europa, sigue estando ausente en la mente de los políticos el estado emocional de la clase media que ha decantado las elecciones norteamericanas: aún pareciera que los políticos convencionales norteamericanos y europeos, no perciban que las democracias estables se asientan sobre unos esfuerzos, largos en el tiempo, que han conducido a la formación de grandes masas de clases medias “silenciosas” (pero votantes), que se esfuerzan por mejorar, que ponen los principios de libertad, mérito, solidaridad, pragmatismo y paz por encima de todo, con la familia como núcleo, en torno al cual operan los individuos .

2. En todo caso, creo que el proceso que se acaba de iniciar con Trump no tiene vuelta atrás.

Las fuertes críticas del mundo occidental y los llamativos silencios de otros países, que sin duda estarán sonriendo ante el fregado UE vs. Donald Trump, auguran cambios fundamentales en lo que ha sido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, el establishment político y los equilibrios mundiales. Me parece que no hay vuelta atrás.

En efecto, por medio de los acuerdos de Bretton Woods, de 1944 (a partir de los que se crearon el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y se aceptó el dólar como moneda internacional), se trató de eliminar el proteccionismo/nacionalismo imperante desde la Primera Guerra Mundial, que a tantos desastres condujo al mundo, y se estableció lo que es el actual Orden Económico Internacional, donde democracia y librecambio son elementos insustituibles para la paz y el progreso de la humanidad. Y ha dado los resultados más espectaculares de la historia humana en términos de paz y progreso.

El peligro de la política de Donald Trump es que se crea que la desglobalización es la solución a los problemas de EEUU. Sería un grave, muy grave, error.

Pero dados los problemas de amplios grupos de las sociedades europeas y norteamericana, aun no procediendo la desglobalización, es obvio que han de corregirse algunos de los flujos actuales, algunos de sus efectos: porque hay fuertes perdedores, sobre todo la UE y EEUU, y la globalización les ha dejado todavía peor de lo que estaban. Y ya casi no hay tiempo para enmendar esos errores, porque el populismo está llamando a muchas puertas.

De otra forma, veríamos el rechazo frontal a la globalización en muchos de los países que están perdiendo con ella. Por ahí está apareciendo Trump, T. May, Wilders, AfD, Le Pen, 5 Estrellas y Liga Norte entre nuestros vecinos, pero en el resto del mundo sería igual o peor, salvapatrias por doquier.

Y es difícil no estar de acuerdo con el hecho de que la fuerte pérdida de renta y bienestar de Europa en los últimos años, corre el riesgo de producir indeseados efectos en las democracias de sus países. O que ocurra lo que ha pasado con el Brexit, aunque ahora salga Tusk  (Presidente del Consejo Europeo) culpando a Trump de los males de Europa. Eurabia como ya la llaman jocosamente por ahí fuera.

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